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Revista de Prensa. El Norte de Castilla. Opinión: Javier Gutiérrez Hurtado

«Calmar el tráfico»

La medida con mayor alcance sería implantar en determinados barrios, Rondilla, Vadillos y Batallas, las denominadas zonas de tráfico lento con el objetivo de reducir el número de accidentes y conseguir calles más habitables

Domingo 18 de diciembre de 2005 · 836 lecturas · rss article rubrique


En junio escribí un artículo en esta sección con el título ’La seguridad vial es cosa de todos’. Trataba de recordar que no se puede bajar la guardia ni un solo día en la prevención de accidentes; que es bueno copiar las buenas iniciativas que ya han desarrollado algunos países europeos como la pionera ’Visión Cero’ de los suecos; que el diseño urbano puede jugar un papel trascendental en la mejora de la seguridad vial; que la moderación de la velocidad es un factor decisivo para evitar accidentes y, en cualquier caso, para atenuar sus consecuencias; y que los planes de movilidad acordados con amplia participación social constituyen un buen instrumento para movilizar a toda la ciudad detrás de estos objetivos.

Pasados unos meses, y sin finalizar el año, podemos decir que estamos ante el mayor número de víctimas del último lustro. Corremos el riesgo de trivializar este peligro, de pensar que las acciones municipales y nuestras contribuciones personales apenas tienen importancia. Nada más lejos de la realidad. Pueden y deben realizarse gran cantidad de actuaciones para mejorar la situación. La percepción ciudadana sobre las causas de los accidentes parece inequívoca. Una encuesta realizada el mes pasado por Telecyl para El Norte de Castilla colocaba, de largo, al exceso de velocidad como el motivo principal del incremento de atropellos en la ciudad.

Sin embargo, los resultados globales ofrecían resultados desconcertantes y contradictorios. Cuando se preguntaba sobre posibles soluciones, la limitación de velocidad no era, precisamente, la medida que más adeptos tenía. Como siempre, las medidas educativas obtenían mejores resultados. Solo los mayores de 65 años eran decididos partidarios de poner coto a la velocidad de los vehículos.

¿Cuáles son las medidas que el Ayuntamiento va a poner en marcha para evitar la proliferación de accidentes? Se habla de tres actuaciones que van a complementar las tradicionales. La primera es la instalación de radares fijos para controlar y sancionar los excesos de velocidad en las vías con mayores riesgos. Se han comprado cinco aparatos y su instalación en el Paseo de Zorrilla y en la avenida de Salamanca está próxima. Curiosamente, se trata de dos vías con obras importantes y en las que es muy dudosa la efectividad que, en estos momentos, puede tener un control de la velocidad. La segunda actuación tiene que ver con obras que se anuncian para el próximo año: instalación de bandas sonoras en el Pinar de Antequera y en Fuente Berrocal. Dos barrios de características similares y donde este tipo de actuaciones pueden constituir una llamada efectiva ya que los desplazamientos son largos y hay poco tránsito de vehículos y peatones.

La tercera medida es la que tiene mayor alcance. Se trata de implantar en determinados barrios, Rondilla, Vadillos y Batallas, las denominadas zonas de tráfico lento. Los objetivos son interesantes: reducir el número de accidentes y conseguir calles más habitables. La medida más espectacular va a ser la elevación de los pasos de peatones para obligar a los coches a reducir la velocidad. Esperemos que las actuaciones sean más globales y que se realicen siguiendo las propuestas del Plan de Movilidad Urbana Ciudad de Valladolid.

Aceras

En buena parte de esos barrios se han ampliado las aceras para lograr una mejor coexistencia de peatones y vehículos, pero no basta con añadir pasos de cebra elevados. Hay que estudiar la tipología de las calles, los lugares de paso y las conexiones con el resto de la ciudad. El mayor riesgo es que las medidas se establezcan con mucha fanfarria y poco estudio. Es el caso de varias calles de Parquesol donde el Ayuntamiento aprobó en mayo el establecimiento del límite de velocidad para los vehículos en treinta kilómetros por hora. Siete meses después, no estaban las señales.

Estas tres medidas pueden contribuir a mejorar la situación, pero pecan de parquedad. Quedan por estudiar medidas más contundentes para las vías rápidas y cruces peligrosos, donde se concentran la mayor parte de los accidentes, sobre todo los más graves. El Plan de Movilidad aprobado a comienzos de año apenas incidía en medidas de diseño urbano para limitar la velocidad y facilitar la coexistencia. Se limitaba a recordar los límites estrictos de velocidad que existen y que se incumplen sistemáticamente. Así, para las vías especializadas en medios y cortos recorridos pedía dos carriles con carácter general aunque limitaba la velocidad al intervalo entre 30 y 50 Km/h sin mayores especificaciones. Dos carriles por sentido sin ningún elemento complementario no parecen compatibles con los treinta kilómetros por hora. Muchas ciudades europeas han puesto en marcha diseños de este tipo de vías que favorecen al transporte público, reducen la velocidad de los vehículos y permiten rebajar los accidentes más peligrosos.

Algunos países, como Holanda, ya están en propuestas más avanzadas. Hans Moderman, ingeniero de tráfico, quiere que los conductores dejen de mirar a las señales y empiecen a mirar a la gente. Se ha atrevido, y parece que funciona bien, a diseñar cruces con gran densidad de vehículos en los que la conducta de unos y otros viene determinada por el diseño. Aceras y calzadas al mismo nivel sin señales de tráfico. Se trata de provocar de forma natural el comportamiento de peatones y automovilistas y es que la posibilidad de encuentro provoca reducciones en la velocidad de los vehículos.

Javier Gutiérrez Hurtado


Fuente: Texto: Javier Gutiérrez Hurtado, El Norte de Castilla, 18-12-2005.