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Federación Vecinal de Valladolid Antonio Machado


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Revista de Prensa. El Norte de Castilla. Opinión: Javier Gutiérrez Hurtado

«Trabajar por la ciudad»

La Federación de Asociaciones Vecinales de Valladolid ha cumplido 25 años de vida y de compromiso con la ciudad y sus barrios y no está de más recordar que tiene escritas buenas ideas para la ciudad

Lunes 9 de enero de 2006 · 693 lecturas · rss article rubrique


La Federación de Asociaciones Vecinales de Valladolid ha cumplido 25 años de vida y de compromiso con la ciudad y sus barrios. Sirva este artículo como recuerdo a los hombres y mujeres que arrimaron el hombro para esta labor y para los que continúan en ella. Así lo hace también el librito que han editado para la ocasión: «Esta modesta publicación, que pretende robar 25 años al pasado, es un homenaje a todos aquellos que pasaron por el asociacionismo vecinal y que, desde el anonimato, lograron hacer nuestra Historia, que también es historia de Valladolid». Se trata de recordar que detrás de la historia estaban los anhelos de gentes que, «desde abajo», pusieron ladrillos para construir una ciudad mejor, «ayudaron a cambiar la peor cara de Valladolid».

En efecto, Valladolid tenía entonces mala cara. Las carencias urbanas marcaban la vida de sus gentes. El movimiento vecinal ya había cumplido, por aquel entonces, una primera etapa, su contribución al final de la dictadura y su participación en la naciente democracia. Eso sí, con escaso reconocimiento social. Se trataba, en aquellos años, de agrupar las demandas que llegaban desde los distintos barrios y de abrir paso a ciertos valores como la participación y la solidaridad.

Los colegios públicos, centros sanitarios, farolas, mobiliario urbano, calles pavimentadas, polideportivos, y centros comunitarios fueron los mimbres con los que se hizo la cesta reivindicativa de aquella primera Federación de Asociaciones de Vecinos. Como bien dice Pedro Carasa «su actuación estuvo sujeta, en primer término, al suelo firme de los problemas inmediatos de la ciudad».

Su éxito fue el de lograr el reconocimiento social de sus aspiraciones. El poder político de la época también puso de su parte. El calendario de trabajo era amplio y todavía quedan pequeñas cosas sin resolver aunque los problemas de hoy tienen nuevas dimensiones.

Demandas judiciales

De este largo periplo me siguen sorprendiendo algunas cosas. Una de ellas es la larga lista de demandas judiciales que ha tenido que interponer la federación contra acuerdos municipales, las más de las veces con reconocimiento positivo de los tribunales. Los asuntos en litigio han sido muy variados: desde la construcción del polideportivo Pisuerga con procedimientos radicalmente incorrectos hasta el intento de malgastar el patrimonio municipal de suelo sin tener en cuenta los destinos señalados en la Ley, pasando por el olvido de las prescripciones del planeamiento propio en la construcción de aparcamientos y en el desarrollo de algunas figuras urbanísticas.

No deja de resultar curioso contemplar, desde los movimientos sociales, que los administradores públicos marginan los preceptos legales, que en ocasiones han aprobado ellos mismos, cuando dificultan el cumplimiento de su simple voluntad. La panoplia de actuaciones recurridas ha sido demasiado amplia como para no pensar en una elección consciente de los poderes públicos que tratan de aprovecharse de la lentitud exasperante de la justicia en la vía contencioso administrativa. ¿Bien se cuida siempre el poder político de no dotar con medios suficientes a este tipo de tribunales! Así cuando llegan los fallos contrarios apenas quedan posibilidades para corregir los desmanes públicos. El gran problema es que la justicia lenta no es justicia y las administraciones públicas se aprovechan profusamente de esta situación.

También me llama la atención la capacidad que ha desarrollado el movimiento ciudadano en estos 25 años para aprender y participar en problemas novedosos. Bien lo expresaba Juan Cornejo, uno de los tres presidentes -junto a José Miguel Gutiérrez y Carmen González- de la federación, cuando en el acto de clausura recordaba, con perplejidad combativa, que habían tenido que entrar hasta en el difícil asunto de las antenas de telefonía móvil. Cuando los problemas tenían que ver con valores sociales es cuando la Federación reaccionaba con mayor rapidez. Su primera participación en esta tarea tuvo que ver con la nueva cultura de paz y desarme contraria a la exaltación de los valores militares y a la participación de nuestro país en la Alianza Atlántica.

Violencia doméstica y emigración tampoco escaparon a sus ojos solidarios. Ya en el año 2002, mucho antes de que las leyes reconocieran la intensidad del problema, diversos barrios de la ciudad conocieron programas del movimiento vecinal para prevenir la violencia doméstica: ’Abre tus oídos: si te pega no te quiere’. En el año 2004 la Comisión de Servicios Sociales de la Federación se implicó en el proyecto ’Nuevos Vecinos’ para trabajar en los problemas de la población inmigrante y facilitar la convivencia social.

Futuro inmediato

Veinticinco años después de su nacimiento, ¿qué decir del futuro inmediato que espera a la Federación y al movimiento vecinal? Un problema, común a otras muchas organizaciones, destaca entre varios. Las gentes de las asociaciones somos cada vez más mayores y el relevo generacional no aparece. Se hace difícil dar con la tecla que atraiga a los jóvenes hacia estos afanes. Habrá que prestarles voz y escuchar sus quejas. Mientras tanto, no está de más recordar que la Federación tiene escritas buenas ideas para la ciudad. Desde el año
2002, cuando se trataba la modificación del Plan General de Ordenación Urbana, se aboga por «una ciudad compacta, equilibrada y solidaria».

El abordaje de una movilidad alternativa y un mayor respeto al medio ambiente también forman ya parte del saber colectivo de los miembros activos del movimiento vecinal. Seguramente falta, en esta materia, una mejor articulación entre las reivindicaciones de cada barrio y las reflexiones generales. En otros problemas, como el de la segregación social, el recorrido es el inverso: en cada sitio se conoce el paño y se sabe lo que no hay que hacer, pero falta cultura de todos, cultura de ciudad para abordar el problema de forma colectiva.

Nota: En primera línea en la fotografía desde la derecha, los tres presidentes, José Miguel Gutiérrez, Carmen González y Juan Cornejo.

Javier Gutiérrez Hurtado


Fuente: Texto: Javier Gutiérrez Hurtado, Fotografía: Miguel Ángel Santos, El Norte de Castilla, 08-01-2006.