Contactar | asociaciones | Mapa del sitio | Sitios Web | listas correo | webmail | Facebook | Twitter | Canal Youtube | cavecal | ceav | RSS

Portada del sitio > Áreas > Medio ambiente > Comentarios sobre el proyecto de intervención en el Cerro de las Contiendas: (...)

Opinión: Manuel Saravia Madrigal

Comentarios sobre el proyecto de intervención en el Cerro de las Contiendas: «Está muy verde»

De seguir adelante sin modificar sustancialmente el planteamiento de origen y algunas de sus propuestas, acabará siendo una nueva oportunidad perdida para la racionalización urbana de la ciudad

Domingo 2 de marzo de 2008 · 105 lecturas · rss article rubrique


Pero mucho, mucho. Muy verde. El proyecto de intervención en el Cerro de las Contiendas de Valladolid, que se ha presentado el pasado 21 de febrero y se encuentra expuesto en el Pabellón de Cristal del Campo Grande (hasta el 14 de marzo) y disponible en esta página web, no sólo está inmaduro para poder valorarse en algunos aspectos fundamentales, sino que además, aún en su embrión rudimentario, presenta signos preocupantes. De seguir adelante sin modificar sustancialmente el planteamiento de origen y algunas de sus propuestas, acabará siendo una nueva oportunidad perdida para la racionalización urbana de la ciudad.

De qué va

El denominado oficialmente “Parque Forestal Cerro de las Contiendas”, cuyo esbozo de ordenación (pues no es más que eso: desde luego no es un proyecto) se ha hecho público recientemente, ocupa una superficie de 66,16 hectáreas; y la intervención prevista (que financiarán el Ayuntamiento y la Junta) tendrá un coste de 4,2 millones de euros. Se organiza (líneas, superficies, puntos) por medio de 8 itinerarios, 6 zonas diferentes y 3 nodos o puntos de atracción. Los itinerarios son temáticos: uno es “geológico”, otro “gipsícola", otro más “de los paisajes vegetales”, un cuarto “para bicicleta de montaña”, otro “mirador”, “de los frutales y el calendario floral”, “biosaludable” y (atención) de los “accesos principales”. Varios de ellos coinciden y se superponen en algunos tramos. Sorprende un poco, desde luego, esta fórmula, que será eficaz como mecanismo publicitario, pero que te deja en ascuas sobre la estructura de funcionamiento del conjunto. No se dice cuáles son los “ejes principales”, pero al hablar, más adelante, del diseño de la “plaza del kiosco” nos enteramos de que esta plaza se sitúa “en el punto de confluencia de los tres ejes principales del parque”. Algo es algo.

Toda la superficie del parque está distribuida en seis zonas diferentes. La mayor es la denominada “forestal”, que ocupa fundamentalmente las laderas. La segunda en superficie es “la dehesa”, que mira hacia Villa del Prado y Parquesol, y donde se propone el circuito “biosaludable”. Arriba van tres zonas más: el “jardín del páramo”, el área de “frutales y calendario floral” y el “jardín aterrazado”. Y por último, una sexta zona que se divide en tres áreas. Es la denominada de las “fachadas urbanas”, y comprende las bandas de contacto con los barrios adyacentes de Girón, La Cumbre y Villa del Prado. De la ordenación de cada una de estas zonas se dice bastante poco, aunque en el caso de las “fachadas urbanas” se llegan a concretar algunos recorridos internos, áreas de juegos y aparcamientos.

Por último contamos con los tres puntos de atracción que dijimos antes. Uno, la “plaza del kiosco”, de la que sabemos será elíptica y con un edificio octogonal, “con cubierta de madera inspirada en una rosa de los vientos asimétrica". Al leer la descripción de esta pieza se nos informa de que el viento es “uno de los elementos protagonistas del Cerro”: ya van saliendo cosas. La “plaza del teatro”, por su parte, consiste en un anfiteatro formado en una ladera para “diferentes manifestaciones culturales”. El último elemento es el denominado “Banda literaria”, que comienza en “el paseo literario” (del que no se vuelve a hablar) y que consiste, si lo hemos entendido bien, en una serie de bancos y pavimentos sobre los que se grabarán textos “que giran en torno a los árboles y los bosques”. Hay que reseñar que en el croquis de ordenación aparece también un punto (en el jardín del Páramo) denominado “zona de cometas”; un “río” muy poco definido; y en la Dehesa aparece otra mancha de color, de la que en ningún lugar se explica su significado.

Se acabó. Eso es todo, amigos. Hemos entrado en la web, hemos estado en el Pabellón de Cristal y hemos visitado el terreno (con Paco y Fernando). Y las sensaciones que nos ofrece la propuesta no acaban de ser buenas.

Qué informaciones faltan

Por de pronto, un parque de esta envergadura debe estar contemplado en el plan general de la ciudad en que se encuentre. No puede ser indiferente a lo que sucede en el resto de la ciudad, ni puede plantearse como algo ensimismado, encerrado en su propio espacio. ¿Lo hace? Veamos. El plan general vigente regula el parque en el artículo 103.2 de su normativa, donde se dice, escuetamente (pero con toda precisión), lo siguiente: “Las condiciones del `Parque de las Contiendas´ son las expresadas en Plano y Memoria del Plan de 1996”. Por tanto, hemos de ir al plan anterior, que afortunadamente todavía está disponible en la red, en la página web de la Junta de Castilla y León. Puede consultarse aquí (punto 3.4.8 de la Memoria y planos hojas 38-5, 38-10, 29-1 y 29-6). Y lo que nos encontramos son unas condiciones que sólo en parte se han cumplido. Pues no puede decirse que se haya atendido, por ejemplo, a las exigencias de “reforzar el carácter metropolitano” del parque (no se ha atendido, siquiera, como reclaman los promotores del “anillo verde” de Valladolid, a dar continuidad a los carriles bici), o algunos elementos de los accesos y relaciones con las áreas urbanas anexas. Como ya nos tiene acostumbrados este Ayuntamiento, el plan general parece que es un documento “orientativo”, o algo parecido, que sólo vincula cuando interesa.

Mas no sólo falta la justificación de la propuesta de tratamiento del parque en relación con la ordenación general de la ciudad, sino que tampoco sabemos nada de cómo se ha planteado su ajuste a la naturaleza, al lugar, cuáles son los datos más relevantes del terreno, del uso actual del parque, de las condiciones medioambientales (el enorme rumor del tráfico que lo domina todo, incluso –o especialmente- en los miradores altos; los olivos que ni se nombran en el proyecto, etc.). Y sin embargo, sabemos que “sólo puede hacerse una aproximación a un diagnóstico ajustado si se parte de un estudio profundo del medio” (Pedro J. Salvador, La planificación verde en las ciudades, Barcelona, G. Gili, 2003). Tampoco existe información alguna sobre infraestructuras: el alumbrado, la energía, el riego o el saneamiento, ¿cómo se plantean? Qué va a ser de la enorme antena que todo lo domina y de la que nada se dice. Cómo se va a integrar el parque con el depósito de agua. Silencio.

No se trata de reclamar más y más información de manera gratuita, por capricho. Se trata, por el contrario, de conocer unos datos esenciales para poder evaluar la propuesta. ¿No se pide participación? Pues la participación no puede organizarse de una manera tan frívola: vean estos dibujos, dígannos qué se les ocurre, una tirolina por aquí, una pared de escalada por allá, un ascensor para los ancianos, un recorrido de aromas castellano-leoneses o un largo paseo con el Quijote escrito en el pavimento. ¿Para qué vale todo eso, planteado así, como ocurrencias? Quedaría un parque que no sería más que un patchwork de gracias, ingenios y caprichos. Que son cosas que pueden estar bien, no lo dudamos. Pero sólo si se integran en una propuesta general de intervención mejor planteada.

En qué falla el planteamiento

Según Jesús Enríquez, concejal de Desarrollo Sostenible, esta intervención “será el proyecto más ambicioso de este mandato en materia de medio ambiente”. Pues hagámoslo bien. Aparte de cumplir con lo exigido en el planeamiento, y respetar (más aún: enfatizar) la dimensión metropolitana del parque, su incorporación a un sistema de parques de Valladolid y entorno; y de aportar suficiente información para poder ser evaluado. Aparte de conocer cómo ha de ser su ajuste al lugar (y su "alma", su "sentimiento del infinito", como decía R. Assunto), y cuáles serán sus infraestructuras, y aparte de tener suficiente información sobre la estructura de funcionamiento, el carácter de las distintas vías, etc.), el parque debe estar bien dirigido a las necesidades de la población que se supone hará uso de él.

Lo cual no es tan inmediato como se sugiere desde el folleto del Ayuntamiento. Pues en la ciudad hay distintos grupos sociales con diferentes demandas, gustos y capacidades, que no conocemos. Y es preciso aceptar, como cautela previa, "que existen riesgos potenciales de exclusión, si no se toma en cuenta a grupos vulnerables a los que tradicionalmente no se les ha reconocido su derecho de uso recreativo, como mujeres, etnias/razas, homosexuales y personas con discapacidades o necesidades especiales” (Ramiro Flores-Xolocotzi y Manuel de Jesús González-Guillén, en su artículo sobre “Consideraciones sociales en el diseño y planificación de parques urbanos”, en Economía, Sociedad y Territorio, nº 24, 2007). ¿Estamos seguros de que lo más necesario para la ciudad es un parque como el que se nos ofrece ahora, "con una amplia gama de actividades recreativas, eco-educativas, deportivas, lúdicas y culturales", según reza el citado folleto? ¿No se ha planteado el parque pensando sólo en un tipo determinado de población, en una parte de la población vallisoletana? ¿Es esa población la que más necesita el parque?

Para conocer las diferentes demandas es necesario, insistimos, organizar bien la participación. “Ya estamos otra vez con la participación”, parece que les oigo. Pero efectivamente, el acierto en el diseño de un parque de estas características depende de una buena participación. Flores-Xolocotzi y González-Guillén lo dicen expresamente: conviene “valorar las bondades de la participación ciudadana como un mecanismo que, aun con ciertos requerimientos y riesgos, pudiera facilitar el desarrollo consensuado de programas de creación, desarrollo, manejo y asignación de usos diversos” de los parques urbanos. Es una lata, la participación (cuesta tiempo y dinero; cansa); pero es necesaria. Grupos de gente diciendo esto y aquello, que no se ponen de acuerdo y pueden acabar como en una jaula de grillos. Vale. Pero ¿de qué otra forma pueden conocerse las demandas diferenciadas? ¿Lo sabe el concejal? ¿Quizá algún familiar, amigo, consejero? ¿Basta con el pabellón de Cristal y la página web? ¿Es suficiente con el “buzón de sugerencias” que critica Jesús Anta?

Es urgente una buena participación, para dar voz (en serio) a los grupos que han mantenido vivo el parque durante tanto tiempo (ante la desidia municipal). Y para disipar también las sospechas de que algunas empresas (digamos nombres: Tracsatec, Eulen) podrían ser las verdaderas interesadas en el diseño de un parque como el que se propone ahora.

Manuel Saravia


Ver en línea : Urblog


Fuente: Texto: Manuel Saravia, Urblog, 02-03-2008.