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Federación Vecinal de Valladolid Antonio Machado


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En el recuerdo de Millán Santos Ballesteros (1926-2002)

Sobre Millán Santos: "La subjetividad del compromiso"

Millán apuesta por la vuelta al esperanzador principio del “actuar responsablemente”, en donde el concepto de ciudadanía hace valer la titularidad republicana del compromiso con uno mismo y con la sociedad en la que vive

Viernes 27 de noviembre de 2009 · 307 lecturas · rss article rubrique


En el movimiento filosófico del existencialismo era carta de naturaleza que la experiencia personal y el actuar según las convicciones propias eran factores esenciales en la búsqueda de la verdad. De esta manera la comprensión de una situación por parte de alguien que está comprometido en la misma es más alta que la del observador indiferente y objetivo. No hay conocimiento inocente. Cuando el objeto del saber es el propio ser humano, ese saber inevitablemente contribuye a su servidumbre o a su liberación. Por medio de las ciencias sociales reconocemos que hoy no se puede pensar nuestro entorno sin términos como pluralidad, ciudadanización, democracia, mercados financieros, internet, globalización, minorías, derechos humanos, libertad, alternativas, mundialización, decrecimiento, solidaridad, justicia, paz…

Según Pedro Casaldáliga, obispo dimisionario y poeta en la región del Mato Grosso en Brasil, se esté donde se esté, se hace urgente ser radicales “en la búsqueda de la justicia y de la paz, de la dignidad y de la igualdad en la alteridad, del verdadero progreso dentro de la ecología profunda” [1].

Apenas ha variado el panorama político y social, decía el cura y maestro Millán Santos, al cumplirse los veinticinco años de la fundación de la parroquia de Santo Toribio, que se avergonzaba de las actuaciones de corrupción y de las demostraciones de abuso de poder de aquel momento, y que la democracia se había convertido “en un apaño de los grupos políticos donde todo se hace con mucha parsimonia y donde se tiene miedo a la participación de la gente” (Diario de Valladolid/El Mundo, 2/03/1994); y un tiempo después, a propósito del homenaje que le rindió la Universidad de Valladolid como promotor de la educación de adultos, “no me creo que el cambio social no sea posible. Creo en la fuerza del pueblo, en su lucha, aunque sé que es muy lenta porque está condicionada” (Diario de Valladolid/El Mundo, 7/02/1998). ¿Y cuáles pueden ser esas barreras? Se ha abandonado la meta de tenerse a sí mismo como valioso y pensar como valioso conocerse a si mismo. Lo humano, en palabras de un analista de la postmodernidad, se ha convertido en objeto de mercadotecnia, se ha depositado en el baúl de las citas la figura imago dei de la creación que describe hermosamente el relato del libro primero del Antiguo Testamento (Génesis, 1,26-28), de la misma manera que se ha postergado el lema kantiano de la persona como fin en sí mismo: tanto la Tierra como el ser humano son considerados como recursos susceptibles de explotación al mismo nivel [2].

La gran crisis económica actual, según Casaldáliga es una crisis global de Humanidad, que no se va a resolver con el sistema capitalista, que sigue siendo homicida, ecocida y suicida; para él la cuestión axial es “¿Se trata de salvar el Sistema o se trata de salvar a la Humanidad?”(Ibidem). Para Millán urgía saber estar y conocer las causas por las que luchar, “han surgido procesos de marginación que exigen movilizarse y ser solidario: el militarismo, la ecología, la involución de la sociedad del bienestar…y, ¡cómo no! el afán consumista es de suyo un bloque a demoler” (El Norte de Castilla, 17/12/1993) De los análisis escuetos y dispersos de uno de sus cuadernos entresacamos la sugerente reflexión: “Tanto el compromiso individual como el compromiso de grupo le viviremos en la medida que algún mensaje nos llegue a interesar subjetivamente. La subjetividad del compromiso nos viene en la medida en que al individuo y al colectivo algo nos compromete”. Y tiene su raíz, en el pensar, en el sentir y en el hacer (Cuadernos personales, año 1993),

Sin embargo hoy la publicidad y el consumo en consonancia con los idearios de la cultura de masas son los referentes por los que se definen los objetivos de la realización personal. El individuo ha perdido su identidad como sujeto. En las encrucijadas de la vida se ha diluido la iniciativa y el proyecto personal, perdiendo su peso específico como persona que decide ante la subyugante publicidad del mercado, y disolviéndose su voluntad subjetiva. La imagen que mejor escenifica la ausencia de acción subjetiva es la correspondiente a la del cualquiera de nosotros como telespectadores sentados ante el aparato emisor de imágenes haciendo zapping, perdidos en la superposición de programas, visionándolos ausentes de quien no está ya en sí mismo, aprovechando la ocasión de que los espacios habitacionales se reducen, como si el yo se hubiera despedido de nosotros. ¿Es aquí donde nos encontramos? No es una interpretación exagerada el ver en los nuevos media y en el uso que se hace de la imagen la herramienta adecuada al servicio de la lógica mercadotécnica. ¿Qué se busca?, el control de las necesidades de los individuos, todo ello sin violencia o coacción expresa, activando un proceso de seducción fatal… mediante el control de la imagen y del parecer. A través de esta seducción audiovisual se obtendría el control de los hábitos y costumbres de los individuos que tenderían hacia la aglomeración o masificación, en definitiva a la uniformización del gusto exigida por la producción masiva”. Del desmonte ideológico somos victimas y a la vez responsables, y cabe afirmar que “el zapping como forma de vida, es la mejor manera de no echar raíces en nada [3].

En sus apuntes (Cuadernos personales, año 1995), Millán apuesta por la vuelta al esperanzador principio del “actuar responsablemente”, en donde el concepto de ciudadanía hace valer la titularidad republicana del compromiso con uno mismo y con la sociedad en la que vive, “en la que todos nos educamos colectivamente…y sembramos en nosotros anhelos de cambio, si es nuestro deseo de no renunciar a la utopía de un mañana más solidario y comprometido” desde nuestra subjetividad. Que así sea, como gustaba terminar sus intervenciones públicas.

Jesús Ojeda
Profesor de Ciencias Sociales


Fuente: Texto: Jesús Ojeda Guerrero, Diario de Valladolid-El Mundo, 22-11-2009.