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Federación Vecinal de Valladolid Antonio Machado


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Pablo Gerbolés Sánchez, presidente de la Federación

"El movimiento se demuestra andando; o se hace camino al andar"

Intervención en el Ateneo Republicano de Valladolid como presentación de la charla coloquio: «El Movimiento Vecinal de Valladolid’ (1964-1986)»

Viernes 28 de octubre de 2011 · 495 lecturas · rss article rubrique


Ángel Ceballos Buendía (izquierda), histórico miembro del movimiento vecinal de Valladolid, y Pablo Andrés Gerbolés Sánchez, presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales de Valladolid, en el Ateneo Republicano de Valladolid.

Valladolid, 27 de octubre de 2011

Jose Constantino Morell, con su tesis calificada cum laude y dirigida por Pedro Carasa denominada “Movimiento vecinal y cultura política democrática en Castilla y León. El caso de Valladolid 1964-1986” nos ha hecho el honor de relatar el comienzo de nuestra historia.

A la sombra de los grandes elementos (la iglesia, los partidos, la dictadura, las leyes…) que en la tesis sirven para explicar nuestro movimiento, acaecieron miles y miles de pequeñas historias; multitud de intentos de asaltar los cielos muy apegados al terreno, a la vida diaria, al aquí y al ahora. Es la forma en que los reales protagonistas de la historia, ponen la razón en marcha y hacen aterrizar las grandes utopías en la cotidianidad, dándoles, de paso, una forma concreta.

Esto ha sido una historia constituida a pulso. Una historia de reuniones, pegadas de carteles, pequeñas y grandes conquistas, asambleas, patearse despachos y calles, de sueños y pesadilla, de esfuerzo, de sacrificio…; pero también de enormes satisfacciones, camaradería, conquistas y superación colectiva. La acción vecinal pesa, envejece y gasta, pero al mismo tiempo estimula. Te da por un lado las fuerzas que te quita por otro.

Nuestra historia es una narración que hay que construir día a día, ya que es así como vive el movimiento vecinal: camina apoyando sus pies en el suelo de lo cotidiano. El movimiento vecinal es una carrera de fondo que hay que hacer con paso corto y mirada larga.

Este relato invita a preguntarse qué hubiera sido de nuestras vidas si en su momento no hubiera habido gente que corriendo riesgos nada desdeñables, hubiera asumido la tarea de poner en marcha espacios de participación democrática. Hubo gente que se la jugó en la pelea por un futuro distinto, y que puso en marcha un el movimiento ciudadano sin el cual no se explica (aunque lo intenten) la conquista de las libertades y derechos democráticos.

Estas cuatro décadas del movimiento vecinal dan cuenta de hasta dónde ha llegado esta transición “subterránea”; de las huellas que ha dejado en nuestros barrios, nuestras ciudades, y de las condiciones en las que se desarrolla nuestra vida. Estos 40 años dan fe de la capacidad de las personas para transformar la realidad; una capacidad que se ha plasmado en nuestras calles, que se ha concretado en bibliotecas, parques, centros de salud, polideportivos, equipamientos culturales… El movimiento vecinal puede mirarse satisfecho a la cara y puede hacerlo en el espejo de las calles de nuestros barrios, porque es ahí donde ha dejado su impronta.

Es la demostración empírica de que sí es posible transformar la realidad y de que el mero intento es ya de por sí un ejercicio de dignidad al que no podemos permitirnos renunciar.

Estas pequeñas historias han tenido sus sombras, evidentemente, pero no por ello tenemos que dejar de reivindicar, recoger y asumir sus luces. Luces que nos pueden seguir alumbrando en los años futuros la senda de la transformación social.

Con la que está cayendo y lo que tenemos por delante, cuarenta años no es nada y, sin embargo, nos demuestran lo imprescindible. Quiero afirmar la pertinencia y la actualidad del movimiento vecinal como herramienta socialmente útil para afrontar los desafíos de siempre y las cuestiones que han devenido centrales en los últimos años.

Una buena historia; un buen punto de partida. Este paseo por nuestra memoria constituye la confirmación de que seguiremos, paso a paso, recorriendo los barrios y construyendo desde la participación cotidiana, la ciudad y el mundo que merecemos y necesitamos.

Porque somos gente rara, que cuando buscamos el descanso pensando en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño para hacer cada vez más justa la vida.

Estamos allanando el camino a los que vienen detrás. Al final todo se ve. Es cuestión de paciencia y de memoria.

Pablo andrés Gerbolés Sánchez
Presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales de Valladolid