Contactar | asociaciones | Mapa del sitio | Sitios Web | listas correo | webmail | Facebook | Twitter | Canal Youtube | cavecal | ceav | RSS

Portada del sitio > Áreas > Cultura, ocio y deporte > Manuel Sierra, pintor, muralista y artista plástico: «Valladolid tiene una (...)

Entrevistas

Manuel Sierra, pintor, muralista y artista plástico: «Valladolid tiene una gran vitalidad social, es injusto lo de Fachadolid»

«A veces parece que se actúa solo para la foto. No solo hay que levantar edificios, sino llenarlos de contenido»

Martes 25 de febrero de 2014 · 1460 lecturas · rss article rubrique


ENTREVISTA

Manuel Sierra Pintor, muralista y artista plástico

El pintor Manuel Sierra es uno de esos casos, que los hay, de leoneses enamorados de Valladolid. Dentro de un orden, claro. Porque la devoción de Sierra por la Babia en la que creció, y que tan presente está en su obra plástica, es un enamoramiento a prueba de bomba. Ahora bien, dicho esto, al muralista más célebre de la ciudad no le duelen prendas reconocer que fue en la capital castellana donde se formó como persona. «Parte de lo mejor de mí me lo enseñaron las gentes de esta ciudad. Aquí aprendí a comportarme cívica y políticamente. A pensar en los demás, y a luchar por un mundo mejor. Siempre me pareció injusto lo de Fachadolid», recuerda. Quizás por eso, porque para Sierra una ciudad no son tanto sus monumentos como sus gentes, aboga el pintor porque la ciudadanía vuelva a tomar las riendas de Valladolid. «Hay que volver a la idea de que sean las personas las que sugieran lo que necesitan. Debemos crear espacios de diálogo, para no tomar decisiones desafortunadas. O, al menos, para no actuar como en el despotismo ilustrado».

La ciudad que Sierra ama es la ciudad efervescente, pletórica de movimientos sociales, que se encontró en los años sesenta. «Por entonces aún respondía al tópico de ciudad de curas y militares, oscura y plomiza. Pero con el paso del tiempo vi que no era así. Es verdad que había conventos y cuarteles, pero también otras cosas. Aquí encontré los mejores colectivos de asociacionismo vecinal, los primeros movimientos de insumisión, el Movimiento de Liberación de la Mujer, grupos universitarios muy activos, y unos sindicatos, especialmente los agrarios, con los que sigo colaborando. Todos ellos me enseñaron a ser lo que soy. Es verdad que hubo un momento en el que había mucho ‘facha’ organizado, pero también había mucho ‘rojo’», recuerda.

Y Sierra estaba al lado de los ‘rojos’. Lo que fue decisivo para asentar su vocación artística, por cierto. «A mí Franco me echó en brazos de la pintura», recuerda. Y es que fue su actividad política contra la dictadura la que le convirtió en pintor. Pintor de grandes murales de agitación, y pintor de grabados que se vendían para recaudar fondos para cajas de resistencia. Era lo lógico entonces: cada cual aportaba a la causa lo que se le daba mejor. Y fue entonces cuando Sierra descubrió que la pintura, que siempre le había gustado, podía ser más que una afición.

Muchas circunstancias han cambiado desde entonces, pero el pintor leonés está convencido de que la ciudad de hoy no es tan distinta de aquella en la que se hizo hombre. «La vitalidad social que encontré se mantiene, aunque ahora pasa por un proceso de atomización. Pero hoy hay muchas pequeñas editoriales que se autogestionan, grupos de teatro y una potentísima coordinadora de ONG, aunque ahora están bajo mínimos. Su problema es que no se autoabastecen; dependen del dinero del Estado», lamenta.

Esa vitalidad social fue esencial para la positiva transformación de la ciudad y Sierra cree que debe continuar siéndolo. «Gracias a la presión de los ciudadanos, y a la receptividad de los políticos de la democracia, Valladolid ha dejado de ser una ciudad oscura y poco transitable para convertirse en una ciudad amable. Es una ciudad que ha recuperado espacios públicos, donde las plazas están prácticamente conquistadas y por la que se pasea bien. Con la colaboración de todos, se ha transformado para bien».

Por ello, cree que para que la ciudad pueda seguir progresando adecuadamente hay que seguir contando «con todos». «La clave es seguir pendiente de las sugerencias de los colectivos de base, que existen y son muy activos». Y añade: «Hay que volver al diálogo y la negociación, aunque sea más lento, que no tiene por qué serlo. Falta recuperar espacios de encuentro para escuchar sin arrogancia. Desde luego a la gente, y también a la oposición».

Traslado de sedes

Otra de las tareas pendientes de la ciudad es «dejar de creer que somos una ciudad de ricos». El traslado de la sede de Hacienda, por ejemplo, le parece a Manuel Sierra una de esas actuaciones con poco sentido. «No me parece bien, con la que está cayendo, dejar de hacer cosas necesarias para construir de nuevo sedes que ya existen», opina. «En cualquier caso, si se hace, la sede que se abandone debe convertirse inmediatamente en dotacional».

También echa en falta el pintor leonés espacios para la actividad cultural de base: música, pintura, teatro... aunque reconoce que salas como las de San Benito, Pasión, Palacio de Pimentel y la del Teatro Calderón «están funcionando muy bien». En cambio, la «potente» red de teatros de la Diputación «está infrautilizada». A su juicio «no solo se trata de levantar edificios, hay que llenarlos de contenido. A veces parece que se actúa solo para la foto».

En lo urbanístico, Sierra aboga por una ciudad entendida como «espacio para comunicarse». El movimiento gastronómico de las tapas y los pinchos le gusta fundamentalmente por eso, por lo que tiene de conquista de la calle. Lo mismo que ocurre con actividades como el Festival Internacional de Teatro de Calle. «Hay que dejar a la gente que intervenga en la calle con más libertad. El teatro calle enseña que lo puedes hacer siempre, porque eso amabiliza las ciudades. Se trata de dejar que surjan propuestas culturales. Ser transeúnte y encontrarse con gente que hace cosas en la calle es una experiencia enriquecedora».

«Necesitamos lugares que atraiga a propios y extraños. Que ésta sea una ciudad en la que te encuentres arropado y que necesite de ti para alguna cosa». Y es que, aunque el pintor tiene su estudio en la vecina Simancas, porque requiere silencio para trabajar, también necesita una ciudad con la que relacionarse. «Una ciudad de convivencia», capaz de «romper el blindaje del vídeo y los ordenadores», que lleva a las personas al aislamiento, y «en la que haya muchos espacios y ocasiones de estar juntos».

Metáfora social

En cambio, ve con inquietud la emergencia de otra ciudad, la que representan las tiendas de delicatessen, y de las de Compro Oro. Que las primeras aumenten en un momento de tanta necesidad social es, para Sierra, una metáfora «de una sociedad de dos velocidades en la que habrá gente que pueda acceder a todo y otros que se quedarán fuera de la calzada». Y la proliferación de tiendas de oro «desvela una sociedad empobrecida en la que se vende todo».

Las propuestas

  1. Apostar por una «ciudad de convivencia» en la que haya muchos espacios y ocasiones de estar juntos.
  2. Crear foros de diálogo para una adecuada toma de decisiones. El que gobierna debe «escuchar sin arrogancia».
  3. Dejemos de creernos que somos una ciudad de ricos.
  4. Si Hacienda se traslada a una nueva sede, la vieja debe dedicarse a un uso dotacional.
  5. Dar mejor uso a la «infrautilizada» red de teatros de la Diputación.
  6. Dejar que la gente intervenga en la calle con más libertad. «Encontrarse con personas que hacen cosas en la calle es una experiencia enriquecedora».
  7. Evitar la homogeneidad en la ornamentación urbana. Reforzar la singularidad de lo propio.
  8. Plantearse la navegabilidad del Pisuerga y promover rutas.
JPEG - 28.8 KB
Manolo Sierra en la Calle Oración de la Rondilla,donde tiene pintado uno de sus murales. Fotografía: H. Sastre, El Norte de Castilla.

Fuente: Texto: Vidal Arranz, Fotografía: Henar Sastre, El Norte de Castilla, 23-02-2014.