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Federación Vecinal de Valladolid Antonio Machado


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Asamblea Anual 2005 de la Federación de Asociaciones Vecinales de Valladolid

Reglamento de extranjería: ¿arraigo y normalización?

No dudemos que para nuestro país y fundamentalmente para nuestra Comunidad el flujo migratorio está siendo una riqueza cultural, demográfica, económica y fundamentalmente humana

Lunes 14 de febrero de 2005 · 1289 lecturas · rss article rubrique


La segunda reforma de la Ley de Extranjería que hizo el PP, aprobada en noviembre del 2003, supuso un grave e importantísimo retroceso en los derechos de los inmigrantes, tanto en cuanto a sus posibilidades de acceso a nuestro país, como en lo que respecta a su integración.

Es verdad que se han dado a lo largo de este año algunos pasos, aunque bastante tímidos y llenos de claroscuros. Pero en lo fundamental, en las políticas migratorias, hay continuidad: La inmigración es un problema a controlar y a utilizar en función de las necesidades del mercado nacional”. Y todo lo que no entre por ese embudo debe ser descartado.
Un millón de personas indocumentadas es una vergüenza desde el punto de vista de los derechos humanos.

La alternativa del proceso de “normalización” extraordinaria es buena, es una opción que da salida a una compleja situación irregular. Sin embargo no es suficiente. Ha sido rechazada por parte de los representantes del Gobierno la posibilidad de una amplia y generosa regularización extraordinaria que pudiera “normalizar” la situación del millón largo de indocumentados existentes en nuestro país.

La existencia de esta realidad, imposible ya de esconder, debiera haber motivado una reflexión sobre las razones que originan que una y otra vez se reproduzca el volumen de personas irregulares. Determinar sus causas y proponer medidas referidas a las mismas, hubiera sido una actitud de mínimo sentido común.

Pero no ha sido así. Se ha preferido abordar de nuevo el tema desde una óptica exclusivamente utilitarista.
Reconocemos que los factores que originan la inmigración irregular son extremadamente complejos. Y que muchos de ellos están relacionados con el proceso de globalización actual y la creciente fosa que separa a los países ricos de los países empobrecidos. Estos factores sólo se pueden abordar desde una óptica internacional, pero lo cierto es que no se puede entender que se haya generado esta enorme bolsa de personas en situación irregular si no hablamos de las políticas migratorias realizadas en los últimos años. Es decir, la irregularidad es consecuencia de una política concreta que tiene nombres y apellidos: contingente puro y duro, política de entrada, sistema de visados, cierre del régimen general, consulados, oficinas de extranjería, falta de mecanismos ágiles y eficaces en la tramitación, etc.

Pero, como decíamos todos estos elementos no se encuentran presentes en el debate público. Las reflexiones y el análisis de las causas se obvian y finalmente se opta por una política continuista y se pone como único y principal objetivo, no la regularización, no el derecho de las personas, no el sentido común, sino la “lucha” contra la economía sumergida y “la inmigración ilegal”.

Es verdad que se liman algunas aristas, se racionalizan algunos procedimientos y se introducen algunos aspectos positivos que en algo mejoran el anterior reglamento. Pero también es cierto que de una mala Ley no puede salir un buen reglamento que restituya derechos y establezca garantías para los inmigrantes.

Queda por ver cuales serán los resultados de esta “normalización”. Serán muchos los inmigrantes que podrán obtener su permiso de residencia y trabajo, pero muchos otros, en parecidas condiciones de trabajo y estancia, no podrán hacerlo debido a las limitaciones que impone la realidad social y a causa de las propias restricciones de la medida.
Bien es verdad que el destrozo dejado por el PP no debe ser fácil de arreglar en poco tiempo, pero los posibles cambios tienen que venir de una política del Gobierno sensible a las situaciones que generan exclusión social y ciudadana, violación de derechos humanos, mucho sufrimiento, no pocas muertes y una importante fractura social que legitima la desigualdad en función del origen nacional.

Y, mientras tanto, la realidad dura de nuestros vecinos inmigrantes está ahí. Las políticas y los Planes que están realizando nuestras Administraciones más cercanas (Junta y Ayuntamiento) son puros “tratados de buenas intenciones”. Los estudios realizados descubren una realidad que luego son incapaces de afrontar con actuaciones y presupuestos que palien las situaciones concretas y afronten el fenómeno de manera que no se creen bolsas de pobreza y desigualdades sociales y se facilite la integración de las personas que llegan de otros países en nuestra comunidad.

Queda pues un ingente trabajo para las organizaciones sociales y el movimiento ciudadano de solidaridad con estos nuevos vecinos y de presión a las administraciones, local y autonómica, para que los Planes que redacten sean comprometidos y realistas y para que sean capaces de contemplar el fenómeno de la Inmigración desde otro punto de vista.

No dudemos que para nuestro país y fundamentalmente para nuestra Comunidad el flujo migratorio está siendo una riqueza cultural, demográfica, económica y fundamentalmente humana. Si en otros países, que han vivido con anterioridad a nosotros este fenómeno, la inmigración ha contribuido beneficiosamente al desarrollo económico, cultural y tecnológico ¿por qué no en el nuestro?

“Un país que quiere desempeñar un papel de primera línea tiene que tratar los retos que le presenta la Historia con imaginación y audacia, sin caer en la tentación de aplicar soluciones fáciles pero represivas. La Historia no se puede parar. Hay que ir con ella, no contra ella”. (Juan A. Herrero. Profesor de Ética Social en la Univ. De California)


Moción presentada por la Asociación Familiar de la Rondilla y aprobada en la XXV Asamblea General Ordinaria de la Federación de Asociaciones Vecinales de Valladolid