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No al TTIP / Fuente: Revista Entrepueblos

Ojo con el Tratado de Comercio e Inversiones UE-EE.UU (TTIP)

Con algo de retraso, una gran variedad de colectivos, organizaciones y movimientos sociales que en estos años se han levantado defendiendo los derechos de la gente nos estamos formando y organizando frente a esta nueva oleada con dos retos por delante

Sábado 12 de abril de 2014 · 250 lecturas · rss article rubrique


COMERCIO INTERNACIONAL

Autoras: Olga Abad y Àlex Guillamón

¿TTIP? ¿Has oído alguna vez estas siglas? Si la respuesta es negativa, ya empezamos mal… Eso nos confirma que los poderes políticos y económicos de la Unión Europea y de los EE.UU. han logrado llegar a la cuarta ronda de negociaciones de un acuerdo de magnitudes y efectos superlativos en todos los órdenes de nuestras vidas sin que nos hayamos enterado ni siquiera los sectores más activos y conscientes de nuestra sociedad.

La realidad es que la Unión Europea y Estados Unidos llevan negociando un Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP) desde julio de 2013 «a cubierto» de la opinión pública y la sociedad civil, junto con las grandes corporaciones, y tienen prisa para cerrarlo este mismo año 2014. Dado que las barreras arancelarias entre estas dos potencias económicas no son muy significativas, las negociaciones, se están centrando en la privatización y en el desmantelamiento -todavía mayor si cabe- de la protección laboral, ambiental y social.

Quienes llevamos algunas décadas cooperando de cerca con países de América Latina sabemos qué significa un Tratado de Libre Comercio. Allá, en sociedades que acostumbramos a ver como deficitarias en educación, información e institucionalidad democrática, las organizaciones y los movimientos sociales forzaron debates públicos, condicionaron la agenda política y saltaron la barrera de los medios de comunicación. Los resultados fueron desiguales. En algunos países se lograron parar, en otros no. Pero en todos se dio un fuerte debate social y político, y un trabajo conjunto desde diferentes organizaciones, movimientos y sectores, aunando las luchas del campo y la ciudad. Algo deberemos aprender de esos procesos.

El TTIP supondría una nueva vuelta de tuerca en el proceso de liberalizaciones y privatizaciones que hoy está padeciendo la población europea con las políticas de ajuste estructural de la troika, con su manipulación de la crisis, y cuyas consecuencias se han traducido en recortes, despidos, pérdida de derechos y de calidad de los servicios, al poner la rentabilidad económica por encima de todo lo demás.

El TTIP afectará en el sentido de desregular y convertir en objeto de negocio sin límites a una gran variedad de ámbitos de nuestra vida: la agricultura, los servicios públicos, los derechos laborales, la energía, la medicina, la sanidad, las finanzas (más si cabe), el medio ambiente, la promoción de la cultura, patentes, etc. En el terreno del consumo por ejemplo, se pondrán en grave peligro cosas que hasta ahora se habían logrado defender como lo caminado en el tema de la compra pública responsable, el etiquetado y el principio de precaución ante «experimentos abiertos» como los transgénicos u otros inventos de la ingeniería de la alimentación, las denominaciones de origen, etc. O, en el ámbito medioambiental, la técnica de la fractura hidráulica para extraer gas (fracking).

A eso se añade un capítulo de «protección de las inversiones» que, como ya ocurre con tratados similares en América, permitirá a las grandes empresas demandar a los estados por decisiones (de interés social, derechos laborales, protección ambiental, etc.) que consideren que puedan poner en peligro sus ganancias.

Las consecuencias no pueden ser otras que el aumento del paro y de la precariedad de la mayoría de la población, una nueva carga para las clases trabajadoras, especialmente para las mujeres, en quien sigue recayendo mayoritariamente el «mandato social» de cubrir los cuidados más básicos cuando el Estado se desentiende de ellos.

Pero el TTIP también castigará duramente a una gran mayoría de empresas pequeñas y medianas de todo tipo, cuya subsistencia frente a las grandes del IBEX y las inversoras multinacionales se convertirá todavía más en una misión imposible.

Será un paso más en la dualidad jurídica que venimos denunciando desde los movimientos ciudadanos en estos años: por un lado van las normas y reglas jurídicas «duras», las que permiten a los grandes inversores, a los «mercados», a las empresas financieras y las multinacionales seguir aumentando sus beneficios sin restricciones sociales, ambientales, democráticas, etc.; éstas son las que protegerá el TTIP para que se cumplan siempre a rajatabla. Y por otro lado va el «derecho blando», esas leyes y declaraciones que figuran en la parte decorativa de las constituciones y pactos internacionales, donde se reconocen los derechos de las personas y los pueblos; esas que nunca encuentran mecanismos efectivos de cumplimiento y sanción.

Pero por encima de todo el TTIP significará una sustracción más a la soberanía ciudadana, y a lo poco que ya va quedando de la institucionalidad democrática, de decisiones sobre aspectos vitales del funcionamiento de nuestra sociedad. Estas decisiones quedarán no sólo «de hecho», como hasta ahora, sino «por derecho», en los despachos que los lobbies tienen adosados a los gobiernos y parlamentos. La propia decisión sobre la aprobación del TTIP es un buen ejemplo de ello: debate ciudadano, el mínimo posible. Si logran cerrar el acuerdo a finales de
2014, como tienen previsto, bastará con su ratificación en los diferentes parlamentos de los estados miembros. Sí, esos parlamentos como «nuestras» Cortes, cuya popularidad y crédito entre la ciudadanía están, por razones sobradas, en números rojos.

Con algo de retraso, una gran variedad de colectivos, organizaciones y movimientos sociales que en estos años se han levantado defendiendo los derechos de la gente nos estamos formando y organizando frente a esta nueva oleada con dos retos por delante:
1) conseguir proyectar luces y taquígrafos ante la opinión pública y el debate ciudadano hacia lo que pretenden negociar en «privado» y 2) conseguir una coordinación efectiva con movimientos ciudadanos críticos que ya están levantándose en varios países de la Unión Europea y en los Estados Unidos.

Esta será la primera vez que hablamos de este tema en este boletín, pero seguro que no será la última. Mientras tanto ojalá toda la gente que nos leéis podáis difundir y llevar a vuestros ámbitos de trabajo y activismo este debate.

Fuente: Olga Abad y Álex Guillamón, Revista Entrepueblos, Nº 61, Primavera 2014.


La Asamblea General de 2014 de la Federación de Asociaciones Vecinales de Valladolid aprobó la moción
“Sobre el Tratado Comercio e Inversiones Unión Europea-Estados Unidos, TTIP”, Presentada por Entrepueblos, Ecologistas en Acción, Sodepaz e Ingeniería sin Fronteras (ISF).


Ver en línea : Entrepueblos