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Opinión: Jesús Ojeda Guerrero

El valor de escribir Las cartas de Gandhi a Hitler en el aniversario de su asesinato (30 de enero de 1948)

Miércoles 18 de febrero de 2015 · 459 lecturas · rss article rubrique


En un tiempo en que la acción de escribir cartas ha dejado de ser un hecho cotidiano, probablemente por la pérdida de valor de las palabras, por el escaso tiempo de que se dispone para construir un relato escrito de puño y letra para transmitir sentimientos, emociones o simples impresiones, uno ve oportuno reflexionar sobre el valor del mensaje que contienen unos escritos a modo de cartas. Los analistas de lo cotidiano coinciden que hay un artefacto de velocidad inmediata que ha sustituido al reposado ejercicio de aunar palabras con el destinatario en mente, así lo expresa en uno de sus ensayo literarios el escritor mexicano Juan Villoro: “¿Por qué ya no se escriben cartas?, …porque el e-mail ocupó el lugar de la letra impresa, del olor y la textura del papel, porque a la gente le da pereza tomarse ese tiempo que demanda escribir, sin tachar o deletrear con una tecla y otros tantos motivos más”. Conocemos, por la recopilación de los escritos de Mohandas Karamchand Gandhi (Collected Works of M.G, 1967-1984), publicados en noventa tomos por la editorial Navajivan Trust de Ahmedabad (India), un buen número de cartas, dirigidas algunas de ellas a personalidades muy diversas, sus originales se exhiben en el museo de Mani Bhavan en Bombay. Llama hoy nuestra atención los textos cuyo destinatario fue Adolfo Hitler; la primera del 23 de julio de 1939 y la segunda de 24 de diciembre de 1940.

El diplomático y escritor indio, Shashi Tharoor, actual diputado por el partido del Congreso en su libro India. From Midnigt to Millennium and Beyond (‘India desde la medianoche hasta el milenio y más allá’, 2006) reconoce la calidad humana de Gandhi pero ante la efectividad de un ayuno o de una carta la no violencia sólo podía funcionar contra oponentes vulnerables a una pérdida de la autoridad moral y que experimenten a nivel nacional e internacional un nivel de vergüenza, que les obligue a reconsiderar su posición. En su opinión la no violencia no pudo hacer nada para impedir la matanzas de los judíos que el III Reich llevo acabo y menos unas palabras en forma de carta podría hacer parar los preparativos de una guerra. No obstante se puede matizar y disentir con la lectura de ellas, es voluntad, escribe Gandhi, “sacar a un oponente del error con paciencia, compasión y sufrimiento autoinfligido”. En las cartas ya el encabezamiento llama la atención al dirigirse al interlocutor, un fanático y cruel dictador, llamándole “mi amigo”; Gandhi no quiso tener en cuenta el consejo que Hitler había transmitido en una reunión con Lord Halifax en 1938, en la que prometió su apoyo a la continuidad del imperio británico, aportando una solución en cadena para hacer frente a las demandas de independencia del partido del Congreso Nacional: Matar a Gandhi, si eso no es suficiente, entonces matar a los otros líderes también, si eso no es suficiente, entonces liquidar a un buen número de activistas , y así sucesivamente hasta que el pueblo indio pierda la esperanza de la independencia. Frente a una visión de odio y crueldad, Gandhi usa una expresión coherente con su doctrina de la amistad universal para toda la humanidad.

"Los amigos me han instado a escribirle a usted por el bien de la humanidad, pero me he resistido a su petición, debido a la sensación de que cualquier carta mía sería una impertinencia”; los acontecimientos le empujan a escribir, ve inminente la guerra tras la ocupación alemana de las regiones checas de Bohemia y Moravia (Acuerdos de Munich de 1938 con el vºbº del primer ministro británico Neville Chamberlain). “Algo me dice que no debo ser tan calculador y que debo hacer mi petición porque en cualquier caso merecerá la pena”, no sólo para parar el expansionismo nazi sino por la persecución a los judíos. Gandhi había expresado en mayo de 1939 “mis simpatías están con los judíos…Los tiranos de la antigüedad nunca se volvieron tan locos como Hitler”. El contenido de las cartas sigue insuflado por el apoyo a la política británica de apaciguamiento y de apuesta a favor de un de un desarme mundial simultáneo, como mantenía en una entrevista publicada en el New York Times el 23 de marzo de 1939, “este acto heroico abriría los ojos de Herr Hitler y le desarmaría”.
Las cartas no llegaron nunca a su destinatario, algo tuvieron que ver las autoridades británicas del momento en la India y en Londres, por lo que no hubo acuse de recibo en la cancillería alemana. Gandhi, más allá de sus esfuerzos por hacer posible una convivencia pacífica entre musulmanes e hindúes, se sumó, como escribe en la segunda carta, “a una posición única de resistir al imperialismo británico no menos que al nazismo” en su modo de coherencia metodológica de una ética noble, la palabra y la acción pacífica. Desde ahí hay que valorar este esfuerzo de comunicación epistolar.

Jesús Ojeda, investigador en CC.SS.