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Opinión: Pablo Gerbolés

Desde los 15 años…. o de los 35

Jueves 12 de marzo de 2015 · 121 lecturas · rss article rubrique


No he podido por menos que sentir un nudo en el estómago al momento de dejar mi cargo en Federación. Sigo con ese nudo, de hecho. Han sido quince años de aprendizaje ciudadano intenso y no sé si encontraré algún otro ámbito que me aporte tantísimo a todos los niveles (personal, formativo, ideológico y activista...) Lo dudo.

Empecé en el año 2000. De la mano de la asociación de Parquesol, donde vivía y donde acababa de recalar como asesor laboral, Federación me designó representante en el entonces Consejo Municipal de Medio Ambiente. Pensé yo para mi que si era representante de un colectivo la lógica era saber qué tenía que representar. Así que empecé a ir los miércoles a la ejecutiva vecinal para ver de qué iba el asunto. Ahí empezó todo; y he estado 15 años yendo cada miércoles...

¿Y de qué iba el asunto? El asunto iba de una serie de gente que, a mayores de su trabajo, a mayores de su asociación, y de manera totalmente altruista, reflexionan sobre asuntos de ciudad, debaten (hasta la extenuación) y acuerdan posiciones, propuestas, acciones. Todo por un sólo motivo: amor. Amor a Valladolid. Y al poco tiempo “ascendí” a secretario. Por aquello de ser de letras, supongo. Y empecé a ir una vez al mes a las directivas. Y allí descubrí que ese amor a Valladolid no era cosa de 8 o 10; que era cosa de mucha gente, de una verdadera red barrial.
Tengo que decir, que me ha desconcertado en este tiempo cómo era posible esa ceguera de no comprender que en las asociaciones vecinales se tiene una red de gente que le hace gratis muchas tareas a quien gobierna. Pues no: se ha tomado como un enemigo, qué pena...

Esos primeros años me deslumbraron. La planificación estratégica de Ángel Ceballos, un maestro... La dirección serena y brillante de Carmen González, que para mi siempre será mi presidenta... Por mi formación, al poco me puse a redactar alegaciones, a analizar expedientes, a presentar recursos. Un mundo apasionante se me abrió: conocer los entresijos de mi ciudad, más allá de lo que la ciudadana de a pié percibe. Conocer de verdad de lo que ocurre en tu entorno.

Empezó una etapa intensísima de acciones jurídicas. Intensísima y hermosísima. Derecho al servicio del activismo... Aparcamientos, PERI cuarteles, ordenanzas antisociales, edificio Caja Duero, paralización presupuestos en relación al patrimonio municipal de suelo, la Antigua, agua... Siempre con éxito, ¡qué orgullosa me sentía! El equipo seguía siendo fabuloso, con Ángel Bayón ahora a la cabeza. ¡Madre mía, creo que no he conocido a nadie más concienzudo que Ángel! ¡Qué máquina!
Y entonces... “ascendí” de nuevo. Vive Dios que no quería el cargo de presidencia. No sé, no tenía la experiencia activista de otras (no había corrido delante de ningún gris)... mi aspecto trajeado no parecía corresponderse con la organización... mis tareas de trastienda jurídica habían sido eficaces a la organización, quizá esa era mi posición... Pero vive Dios que ese cargo me generó un vuelco absoluto en mi vida. Y, a toro pasado, siento satisfacción por mi mandato.

Sentí que la Federación debía abrirse. Abrirse a las propias asociaciones, por un lado: empecé visitando todas (reconozco ahora que había barrios que no había pisado nunca...) y seguí visitandolas en sus fiestas, en sus actos, en sus asambleas. Creo que lo agradecieron, y espero que se sintieran apoyadas, pues no era otra la intención. Mis recuerdos de esos tiempos son maravillosos: esas fiestas de Las Villas (que eran profesionales...), las paellas de Las Flores o de Barrio Belén (¡menuda asociación más activa!), los pregones de fiestas que di en Puente Jardín o en Vadillos-Circular-San Juan (un beso fuerte a Teresa del Cura, mi modelo de lucha), la charla de aniversario de Pilarica (otra asociación estupenda...). A la vez, descubrí nuevas asociaciones cuya energía me inspiraron: Laguna y Barrio España (¡Jose Andrés, qué hombre más resolutivo!).

A la vez, sentí que la Federación debía abrirse implicándose en estructuras vecinales territorialmente más amplias. Siempre la Federación de Valladolid había sido referente de activismo vecinal, pero se vivían tiempos en que era necesaria una mayor implicación personal. A nivel regional no puedo tener más que recuerdos positivos de la etapa con Chema Collados. ¡Qué buen equipo hacíamos!¡Qué buena sintonía! Hoy también él anda de líos políticos... Como Charo García Carnés, otra crack. Fui Secretario de Cavecal. Y a nivel estatal, cómo no recordar los esfuerzos como vicepresidente en pos de la reunificación estatal de la mano de otro de los grandes, Jose Vicente Vallín. Y de allí vino a Valladolid, otro de los grandes orgullos que tengo: Entrevecinos.

El tercer ámbito de apertura que vi claro fue a otras organizaciones. ¡Y cuánta vida había más allá del vecinismo! El 15M, asamblea ciclista, plataformas diversas, fancine ramalazo... Y esa visión activista de la ciudad ya sí que me cambió del todo. Porque esa red vecinal que tanto admiraba tenía la posibilidad de coordinarse con otra serie de gente que estaba haciendo cosas hermosísimas en la ciudad. Y de nuevo decidí apoyar todo eso con mi presencia, en nombre de las asociaciones vecinales.

Pero uno de esos apoyos fue rastreramente utilizado por una persona indeseable, lo que me hizo dar un paso atrás y en estos dos años he estado apoyando a otro gran personaje de la ciudad (y de mi vida), Maria José Larena, ni “hermana”, una persona extremadamente serena y dulce, a la que no se puede más que amar.

Publicado en Último Cero, lunes 9 de marzo de 2015