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Opinión: Jesús Ojeda Guerrero

El significado de la no violencia

A propósito del aniversario de la muerte de Mahatma Gandhi, 30 de enero de 1948

Jueves 25 de febrero de 2016 · 325 lecturas · rss article rubrique


En torno a estas fechas desde hace treinta y tres años hago llegar a la prensa unas reflexiones sobre la persona de Mohandas Karamchand Gandhi (El Norte de Castilla, “Gandhi: Tres tiros acabaron con un soñador práctico”, 30,01.1983), en esta ocasión vuelvo a lo esencial de su aportación, pensamiento y acción. “Nadie es bueno por su cuenta ni para si mismo”, decía el filósofo alemán Theodor W. Adorno, “la bondad supone hacerse cargo del sufrimiento del mundo”. Hablar de no-violencia resulta harto difícil, cuando la acepción aún no tiene sitio, en rigor, en el estudio de las doctrinas morales actuales. Ahora bien, la propuesta gandhiana como ética solidaria nos abre un camino hacia la compasión y el simbolismo claramente necesario en estos tiempos. Es alentador ver desde culturas tan dispares, cómo la noción de no-violencia puede converger hacia una interpretación más universal. Quien una vez llegó a preguntarse cómo hacer poesía después de Auschwitz, tuvo que responderse, si y solo si se hace cargo del sufrimiento de las víctimas. Si buscamos mayor precisión en el conocimiento del concepto, en donde se combina palabra y vida, lo encontramos en la interpretación radical de dos autores que se relacionaron por correo postal y se leyeron mutuamente, es el caso del autor ruso de Guerra y Paz, León Tolstói, un aristócrata imbuido de un ideario anarcocristiano, que quiso poner en práctica entre los campesinos de su hacienda, acuñando el término de ‘resistencia no-violenta’ en sus escritos religiosos ¿Cuál es mi fe?, El reino de los cielos esta en vosotros y en el epistolario con Gandhi. Este, por su parte, utilizó la expresión en inglés non violence inicialmente (en escritos posteriores se fusionó en una sola palabra nonviolence), vinculándola a la tradición religiosa jainita e incorporando un sentido moral que originalmente no tenía, con respecto al fenómeno de la violencia. En estos autores, por tanto, la expresión aparece, con un marcado carácter ético, como resistencia no-violenta al mal.

Gandhi a través de la palabra y la acción revistió de un contenido nuevo a la ahimsá, (no-violencia en sánscrito), al combinar ingredientes de la tradición india con elementos que conoció en Occidente, en sus años de estudiante de derecho en Londres. En sus textos encontramos una llamada constante, a modo de santón convencido, a recuperar determinadas tradiciones con el objetivo de elevar la autoestima de sus compatriotas para oponerse a la colonización británica. Así mismo, trasplantó la idea de pureza, vinculada a la teoría de las castas, a la visión ‘ecológica’ de la ‘pureza de corazón` propia de ascetas y místicos, llamando a la convivencia pacífica, independientemente de los credos religiosos, del ideario político y del origen social. Para Gandhi la violencia es mal para quien la ejerce y para quien la padece, no se puede eliminar sin conocer en donde está y cuales son sus causas, siendo su alternativa la no-violencia. Más allá de la ahimsá concebida como un precepto restringido, limitado a abstenerse del mal, la amplia poco a poco hasta convertirla en la pieza clave de una ética solidaria. Y no solo en el sentido de que violentar a un ser humano es profanar a toda la humanidad, sino en el que, a su juicio, existen muchas formas de violencia que son tanto o más insidiosas que causar daño físico o amenazar con él. “De modo que”, en palabras suyas, “el principio de la no-violencia es el medio más inofensivo y más eficaz para hacer valer los derechos políticos y económicos de todos los que se encuentran oprimidos y explotados”, y por tanto, “obliga a que se renuncie a toda forma de explotación”; y valora como aportación superior la de los “rishis (sabios), que descubrieron la ley de la no-violencia en medio de la violencia”, porque “fueron unos genios superiores a Newton, unos guerreros más grandes que Wellington”.

El nombre y el rostro de Gandhi se han vuelto familiares a los occidentales, no tanto su pensamiento y acción sobre la no violencia, algunos estudios son muy críticos, queriendo evidenciar ‘sus constantes contradicciones’ sobre este planteamiento de ética edificante, sobre su comportamiento y expresiones [Losurdo, Domenico La cultura de la no violencia, Península. 2011; Finkeltein, Norman G, Lo que dice Gandhi sobre la no violencia, la resistencia y el valor, Ed.Biblioteca Nueva, 2013; Desai, Ashwin y Vahed Goolam, The South African Gandhi: Stretcher-Bearer of Empire (El Gandhi sudafricano: sostén del Imperio), Ed.Paperback, 2015]; es de agradecer la invitación a conocer su vida y leer los textos originales gandhianos, seguro que nos proporcionaría una mejor contextualización de su crecimiento personal ejemplarizante; empecemos, si hay voluntad sincera de hacerlo, por su propia autobiografía, que hizo llegar por entregas al periódico Navijan en 1925 y por la selección del profesor Nimar Kumar Bose, Escritos esenciales, Ed. Sal Terrae, 2004), y enriqueceremos esa admiración lejana, esa visión atractiva de sus gestos dotados de un gran halo de sabiduría, para comprender en profundidad su aportación a la historia de la bondad humana.

Jesús Ojeda, investigador en Ciencias Sociales