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Resumen del Café tertulia del Día Vecinal

La cultura en las ciudades: Centralidad y próximidad

Viernes 23 de septiembre de 2016 · 509 lecturas · rss article rubrique


El 17 de septiembre de 2016, en el marco del Día Vecinal organizado desde la Federación de Asociaciones Vecinales y de Consumidores de Valladolid, se celebra un café-tertulia para debatir alrededor de la cultura de base o cultura popular en la ciudad de Valladolid.

Se invita a participar en este debate a personas vinculadas al sector cultural en la ciudad, que se incorporan junto con representantes del ayuntamiento y de diferentes asociaciones vecinales de la ciudad.

La tertulia se organiza entorno a tres momentos:

1.-Una presentación del marco para contextualizar el debate que se propone a los participan-tes y que corre a cargo de Miguel Ángel Pérez ‘Maguil’.
2.-Una definición colectiva de lo que se entiende por ‘cultura de base’ a partir de las aporta-ciones de todos los asistentes.
3.-Un listado de líneas de acción que deberían movilizarse para mejorar la cultura de base en la ciudad.

1.-Antecedentes-marco del debate

El s XX vio cómo se consolidaban de la mano de políticas educativas, sociales y urbanísticas adecuadas ciertas estrategias culturales muy apropiadas para toda la ciudadanía.

A la “democratización” cultural – que suponía un acceso mayoritario a la cultura en los cincuenta- le siguió la denominada “democracia cultural” que suponía a todo ciudadano y ciudadana expresar sus ideas culturales a través de una gran variedad de manifestaciones artísticas. El final de siglo desborda estas tendencias muy sujetas al eje público-privado, propio de la época y con el auge de los movimientos sociales, políticos, culturales, juveniles, feministas, ecologistas, minorías sexuales, etc (mayo del 68) llegó el auge de “lo social” en los campos culturales.

El protagonismo ya no es solo de los grandes “centros culturales” de las ciudades. Hay colectivos sociales, vecinales,...que reclaman su cuota de participación cultural gestionando equipamientos sociales, artísticos y culturales en toda Europa, especialmente en la Europa central, llegando a Barcelona, Madrid…

Los primeros años del s XXI ven el ascenso de la idea del “procomún”. Se trata de una evolución de la vertiente social en la producción y el disfrute cultural. Ya no se trata tanto de “ocupar” espacios privados – antiguas fábricas- o públicos – antiguas escuelas, cuarteles- o religiosos – antiguas iglesias en desuso- , se trata de estar en igualdad de condiciones y gestionar la cultura en sus aspectos de innovación social con la vista puesta en avanzar conjuntamente con los agentes anteriores (público-privado-social) pero sin seguir exactamente sus estrategias. Se trata de una cultura que responde a intereses de colectivos que reman en una misma dirección, pero con una vocación muy marcada de apertura, proximidad y participación, actitud que Jaron Rowan (investigador cultural y activista 15M) define como: “…participación implica poner en crisis la idea de consumo pasivo de la cultura y la proximidad tiene que ver con el desarrollo de equipamientos culturales a pequeña escala y con el estímulo de las comunidades y grupos sociales que los frecuentan…ambos mecanismos tienen más sentido e incidencia cuando funcionan a una escala municipal”…

Y en eso estamos muchos. Hemos visto como de forma lenta y eficaz surgen en Valladolid iniciativas como “Entrelíneas”, CSAs, programas gestionados por asociaciones vecinales como “En Junio la Esgueva” o por colectivos de “huertos sociales y ecológicos” como “Abierto en Canal” organizado desde “La Huerta sin Puerta” de La Victoria, que nutren de cultura de calidad contrastada a zonas con baja provisión cultural como la padecida desde siempre por el barrio España.
Leemos a diario sobre hechos como “Tabacalera” en Madrid –edificio propiedad de Hacienda pero gestionado por asociaciones de la zona de Lavapiés- , La Casa Invisible de Málaga, o la idea de Manuela Carmena de ceder uso y gestión de una extensa zona de naves de Legazpi para uso social, cultural y vecinal en una zona muy céntrica en Madrid.

Y todo ello se produce sin entrar en colisión con las centralidades culturales establecidas anteriormente, pero con una vocación de proximidad, apertura y participación superior a los centros culturales – públicos y privados- que hemos recibido de generaciones anteriores.

El principal aliado de esta estrategia de proximidad es el propio ciudadano, el vecino o vecina, organizado o de forma individual que propone y a veces organiza sus propias expresiones culturales.

Es una estrategia que debe contar con el apoyo político de las autoridades y con los recursos – públicos, sociales- suficientes para que pueda consolidarse en beneficio de toda la sociedad, de toda la población, de todas las vecinas y vecinos de un municipio.

2.-La cultura de base que buscamos

Tras esa introducción, se lleva a cabo la ronda de presentación de los participantes a quienes se solicita que, junto con su nombre y procedencia, apunten un ingrediente, un elemento que caracterice a esta ‘cultura de base’ sobre la que hablamos.

Las aportaciones que surgen de las presentaciones individuales se van apuntando en el papelógrafo, a vista de todos los asistentes. Se van reformulando y completando las aportaciones de unas personas con las de otras, dando lugar a un listado de ingredien-tes consensuado que se transcribe a continuación aunque reordenado por temáticas afines.

Lo que caracteriza, y debería caracterizar, a una cultura de base de calidad es:

  • Es creativa, transformadora e innovadora.
  • Promueve otros valores ciudadanos (participación, transformación social, inclusividad, feminismo, equidad, etc.), como el sentido crítico.
  • Hace emerger otras culturas minoritarias e identidades grupales compartidas.
  • Desborda lo institucional y también los formatos culturales clásicos.
  • Se apoya en (y apoya) una educación crítica (que promueve el diálogo, la apertura de miras, …) de calidad.
  • Surge de la gente, de su capacidad de autoorganización autónoma, de su compromiso.
  • El ciudadano pasa de ser espectador a creador del hecho cultural.
  • Se basa en la implicación ciudadana, en los que la cultura deja de ser un mero producto de consumo.
  • Promueve y facilita el desarrollo social, la cohesión grupal y el gozo del encuentro, del trabajo colectivo.
  • Lima desequilibrios sociales.
  • Pone en el centro de lo público a la alegría, el humor, el disfrute.
  • Cuenta con una notable vocación pedagógica, basada en el aprendizaje activo, en el aprender desde el hacer.
  • Las instituciones pasan a un papel secundario de apoyo a la sociedad organizada, de facilitación de recursos (por ejemplo, a través de la cogestión).

Este listado es repasado y devuelto al grupo y se valida por asentimiento.

3.-La cultura de base que buscamos

Tras esta definición colectiva de la cultura de base, se plantea al grupo reflexionar sobre las líneas entorno a las que avanzar en la mejora de la cultura de base en la ciudad de Valladolid.
Se produce a partir de este momento un animado debate en el que van surgiendo propuestas que se apuntan en el papelógrafo. Se van completando unas propuestas a partir de las sugerencias y el enriquecimiento de otras personas, dando lugar al siguiente listado de propuestas:

Respecto al papel de las administraciones:

  • Apoyo de las administraciones, promoviendo la cooperación interadministrativa para facilitar recursos a los creadores culturales.
  • Proponer la modificación de las políticas impositivas, adaptándolas a las peculiaridades de ingresos de los creadores culturales. Reclamar la reducción del IVA cultural.
  • Investigar la colaboración público/privada como vías alternativas de financiación de actos culturales (a través, por ejemplo, del patrocinio).
  • Mejorar la normativa y la planificación cultural para facilitar programaciones en nuevos espacios/tiempos adaptadas a la escasez de recursos (pej.: actuaciones en locales comerciales, etc.)
  • Incorporación de la cultura a las políticas públicas, para pasar a ser verdaderamente un servicio público y contando para su diseño con la participación social.
  • Evitar la ocupación de los equipamientos sociales y culturales de carácter público por programas institucionales, y dejar espacios para la programación abierta y ciudadana.
  • Romper con las inercias en la programación cultural municipal heredada.

Respecto a las características de las propuestas culturales que manejamos:

  • Evitar la masificación, buscar la calidad con la calidez y promover más la rentabilidad social que la económica de los acontecimientos culturales.
  • Facilitar la incorporación de creadores y artistas locales a las programaciones de los barrios. Por ejemplo aprovechando los equipamientos culturales/sociales que existen para ensayos, pero a cambio de una cierta devolución a la sociedad en forma de actuaciones, etc.
  • Enriquecer las propuestas culturales ‘centralizadas’ (como SEMINCI, por ejemplo), con actos en barrios (debates o encuentros con creadores) y/o generando programaciones paralelas de calidad en los barrios.
  • Plantear una programación de artes escénicas estable, ‘especializando’ cada barrio en una de ellas.
  • Contemplar la diversidad de propuestas culturales y de públicos interesados para maximizar su accesibilidad.
  • Sacar el máximo partido posible a los recursos culturales de proximidad, pro-moviendo el encuentro y debate de creadores locales con el público.
  • Mejorar la conexión entre la programación cultural ‘centralizada’ y la desarrollada en las periferias.
  • Acercar la cultura a los centros educativos y a la educación formal.
  • Asumir que el cambio cultural es lento.
  • Poner en valor las características de las programaciones culturales de barrio (cercanía, pequeño formato, calidez, contacto con el creador, etc.) en su difusión.

Respecto a los propios programas culturales que ofrecemos desde las asociaciones vecinales:

  • Adaptar las programaciones culturales a los tiempos, agendas y disponibilidades limitadas de la ciudadanía-público actuales.
  • Adaptar las propuestas culturales a los intereses de los vecinos: abrir consultas, implicarles en las programaciones, etc.
  • Actualizar las programaciones culturales vecinales, que quizá se hayan quedado demasiado ancladas en lo clásico: arriesgar para acercar a otros públicos-participantes.
  • Innovar en las formas de comunicar las propuestas culturales, contando con la complicidad municipal en la difusión a través de sus medios propios.
  • Trabajar en red:
  • Mejorar la difusión de las programaciones culturales entre los barrios. • Programar no solo para el barrio, sino para toda la ciudad. • Promover encuentros de los ‘programadores’ culturales de las asociaciones vecinales para mejorar el intercambio de experiencias y propuestas.

Finalizadas las aportaciones, este listado de propuestas que se va construyendo colaborativamente, se repasa al final de la sesión para su validación por asentimiento, dando por concluido este café-tertulia aproximadamente a las 19h.

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La cultura en las ciudades: Centralidad y próximidad