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Opinión de Jesús Ojeda Guerrero

Un lugar para los derechos humanos

(En el aniversario de la aprobación de la Declaración Universal de la carta de los Derechos Humanos)

Viernes 16 de diciembre de 2016 · 318 lecturas · rss article rubrique


No estando muy convencido de que las celebraciones de un día y el recordatorio de fechas de acuerdos importantes para la convivencia universal tengan incidencia suficiente en el cambio a mejor de las sociedades, uno piensa que pueden servir de llamadas de atención y de reflexión, tanto a nivel individual como de responsabilidad política exigible a quienes nos gobiernan. Hablar de derechos humanos emergentes es poner nuestra atención en las reivindicaciones de las sociedades civiles para que se reconozcan nuevos derechos o se reformulen los ya declarados. En una breve carta de 25 de mayo de 1947 dirigida al primer director de la Organización Educativa, Científica y Cultural de las Naciones Unidas (UNESCO), que era el biólogo y humanista Julián Huxley, y contestando a un cuestionario remitido a diversos pensadores y escritores, el indio Mahatma Gandhi escribía que “los derechos que pueden merecerse y conservarse proceden del deber bien cumplido” según había aprendido de su madre analfabeta. En ese propósito uno se atreve proponer que sigamos, pues no podemos hacer omisión de nuestras obligaciones como seres humanos, depositarios de una herencia tan hermosa y a la vez tan exigente, cuestionada en parte por su concepción occidental, como es la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, porque somos la memoria de los que nos precedieron, el presente que nos insta a recrear solidariamente lo recibido y la siembra de valores de un futuro, el de quienes nos sucederán en el empeño. En estos tiempos tan complejos y difusos para permanecer vigilante y actuante éticamente, convendría interiorizar lo expresado por el recordado cantante canadiense, Leonard Cohen, no estando convencido de que nada cambie, él proponía actuar como si no lo supieras, porque sostenía con rotundidad que “pronto serás de la manera que actúas”.

En estos sesenta y ocho años transcurridos desde que se aprobó en París el 10 de diciembre, este documento declarativo adoptado en la resolución 217 por la Asamblea de Naciones Unidas, en la que se recogen los 30 artículos básicos en consonancia con las directrices de la carta de San Francisco del 26 de junio de 1945, las sociedades han experimentado grandes transformaciones en su configuración interna y en sus relaciones internacionales, y por ende los seres humanos que las componen. El Estado de Bienestar, si lo hubo en algunos periodos y en determinadas sociedades, a día de hoy apenas es mantenido en algunos países. Si fijamos la mirada en el fenómeno de la globalización capitalista, especialmente desde 2007, se ha evidenciado el lastre de miserias que lleva adherido a su nave, que de acuerdo con el profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Taibo, hunde sus raíces en ‘la primacía rotunda de la especulación en las relaciones económicas contemporáneas’ y la ‘general desregulación’ de toda norma que controle las riendas del funcionamiento de los capitales, con un control claro a nivel planetario desde el Norte rico con sus empresas trasnacionales para dar continuidad al imperialismo y al colonialismo de siempre. ¿Qué se ha obtenido como resultado? Un sinfín de sociedades en creciente desigualdad y un crecimiento, en números absolutos, de personas en situación de pobreza, ante el continuado desistimiento de protección de los gobiernos en el ejercicio de políticas sometidas a las leyes del mercado.

Los derechos humanos emergentes responden a la necesidad de reconocer que hemos avanzado en humanidad ante nuevos retos, algunos novedosos como el derecho a una renta básica que garantice la supervivencia de cada persona, y otros olvidados porque han estado ‘sumergidos’ por la prioridad dada a ‘la protección de derechos nacionales’ por pertenencia a un país, haciendo caso omiso del deber de hospitalidad y de asilo exigible, nadie debe ser considerado ‘un sin lugar’ en este planeta; otro derecho emergente es el derecho universal de toda persona a los medicamentos como concreción del tradicional derecho a la salud. En consecuencia una visión integradora de los derechos humanos tanto de los emergentes como los del catálogo clásico nos hace ser exigentes con nosotros mismos como seres sociables y demandar a nuestros gobernantes su cumplimiento; así esta formulada en la Declaración Universal de Derechos Humanos Emergentes, redactada en el Forum Universal de las Culturas de Barcelona en septiembre de 2004, y dada su aprobación en el Forum mexicano de Monterrey en noviembre de 2007. Porque el deber bien cumplido gandhiano ha de entenderse desde la responsabilidad personal y colectiva, haciéndose oír y apoyando los movimientos sociales que reclaman un mundo con menos niveles de injusticia y mayores escenarios de solidaridad.

Jesús Ojeda, investigador en Ciencias Sociales