Recordando al Mahatma en septuagésimo octavo aniversario de su asesinato (30 de enero de 1948)
Con el surgimiento de nuevas formas de fascismos en connivencia con movimientos políticos de extrema derecha, se hace oportuno traer a la actualidad la figura de Gandhi y el recuerdo de su legado. Hoy vemos en muchos países de Europa, en EE.UU. y en Latinoamérica cómo están marcando la agenda política idearios basados en las identidades nacionales, en medidas institucionales de índole racista en nombre de la seguridad. También en la India se ha reavivado una marca distintiva de pensamiento fascista, Hindutva, influenciada por las ideologías euroamericanas, un movimiento etnonacionalista, basado en la formulación canónica de Vinayak Damodar Savarkar, el ideólogo absuelto de haber instigado para asesinar a Gandhi. Su ideario orienta la política del actual gobierno de Narendra Modi, con las ideas de raza y religión hindúes para anular, si fuera posible, a los musulmanes como comunidad, por medio de una absorción violenta a través de un mestizaje agresivo, no reconociéndoles la ciudadanía india.
Hace un tiempo analizamos las dos cartas que Gandhi escribió a Hitler (El Norte de Castilla, 08.06.2015), la primera del 23 de julio de 1939 y la segunda de 24 de diciembre de 1940, con el envío de ellas, era voluntad de Gandhi “sacar a un oponente del error con paciencia, compasión y sufrimiento autoinfligido”, ya en el encabezamiento lo anunciaba al dirigirse al interlocutor, un fanático y cruel dictador, llamándole “mi amigo”. Gandhi comentaba que se trataba de una forma de llevar el pacifismo y la no violencia al extremo, tratando a dictadores con la misma cortesía con la que trataría a cualquier otra persona.
En marzo de 1930 Gandhi había protagonizado la Salt Satyagraha, una marcha pacífica contra el monopolio británico de la sal con una repercusión mediática internacional importante. Ahora, en septiembre de 1931 se encontraba en Londres asistiendo a la segunda Conferencia de la Mesa Redonda para debatir sobre reformas constitucionales en la India, en representación del partido del Congreso, con escasos resultados en el proceso de autodeterminación. Era el 12 de septiembre cuando llegó, alojándose en Kingsley House, un asilo para mendigos en el East End de Londres. Tuvo tiempo para hacer un programa de radio transmitido en directo a Estados Unidos por la CBS, en él expresó que “preferiría esperar, siglos si hiciera falta, a emplear medios cruentos para obtener la libertad de mi país. El mundo está más que harto de tanto derramamiento de sangre…[este] busca una salida y me halaga creer que tal vez este viejo país que es la India tendrá el privilegio de mostrar la salida al mundo anhelante”. Allí pudo entrevistarse con el rey Jorge V y la reina consorte María de Teck, con el arzobispo de Canterbury, con el escritor George Bernard Shaw, con obreros textiles de Lancashire y cuáqueros destacados, y se resistió, en un principio, a tener un encuentro con Charles Chaplin, que resultó de lo más provechoso para ambos según comentaron los propios protagonistas posteriormente en sus escritos. Quisó hablar con Winston Churchill, pero éste rehusó entrevistarse con “un faquir medio desnudo”. De vuelta en diciembre, para embarcar en el puerto de Brindisi en el sur de Italia de camino a India, pasara por Francia y llegara a Villeneuve (Suiza) para mantener un encuentro con el escritor francés Romain Rolland, autor de su primera biografía en 1924. Es allí, lo sabemos por el diario del premio nobel de literatura, donde la popularidad de Gandhi se confirmó aún más. Tanto Rolland como su hermana Madeleine recibieron cartas, llamadas de teléfono, solicitudes de entrevistas, algunas la mar de curiosas como la de un grupo nudista alemán, petición de visitas para poder acceder a estar con Gandhi, de juglares para actuar bajo su ventana, e incluso propuestas de predicción de resultados para que el invitado dictara los diez números ganadores en el sorteo de la lotería. Las agencias de prensa, por su parte, llegaron a instalar un campamento en los alrededores de la villa. Escribió Gandhi en su diario: “Si el Papa quiere verme, iré. En cuanto a Mussolini, no creo que quiera verme, pero si lo hace, iré sin vacilación. Pero no será en secreto”. No faltó, en consecuencia, a tanta notoriedad pública, una invitación formal del Duce para cuando llegara en tren a Roma el 12 de diciembre. Mussolini sí había expresado estar ansioso por conocerlo. Y por ende, surgió la idea de solicitar una audiencia papal, un encuentro con Pío XI. Gandhi estaba interesado, tras haber tenido conocimiento de un artículo publicado en la portada del L’Obsservatore romano el 27 de noviembre, con el título “Come Gandhi parla di Dio”, sin firma.
La audiencia no fue posible, Gandhi anotará en una crónica posterior de su viaje: “Llego a Roma a las 8.30 de la mañana. Carta recibida … el Papa no pudo recibirme. Tres de nosotros nos quedamos con el General Morris, los otros en un hotel. Fui a ver el Vaticano [Museos], por la tarde a las 6 en punto con Mussolini”. A Gandhi le acompañaban su discípula Madeleine Slade (Mirabenh), sus secretarios Mahadev Desai y Pyarelal Nayyar, y el hijo menor de Gandhi, Devdas. El Vaticano le comunicaba que el papa estaba sobrecargado de compromisos en esos días y que podría recibir al Mahatma un tiempo después. Se ha interpretado de forma diversa y humorística la negativa en la prensa de aquellos días, porque Gandhi iba con una vestimenta “inapropiada”, a pesar del clima invernal romano con su túnica de algodón y sandalias, o no quería someterse a una vestimenta más “decente”, o que el Papa tenía “miedo a la competencia” en el vestir. Posiblemente pesaron más las razones de alta política, Pío XI, obedeciendo la petición de la embajada inglesa de no concederle la audiencia, fue consciente de la importancia de la situación y dada la “finezza” de la diplomacia vaticana, no deseó hacer un descaro a Inglaterra, bastante cuestionada ésta por no conceder la autodeterminación a la India. Años más tarde, Jawaharial Nehru interpretaba que el rechazo fue motivado por el hecho de que “la Iglesia Católica no aprueba a los santos o mahatmas fuera de su circunscripción”.
Romain Rolland, confeso partidario de la Rusia soviética, esforzándose por conciliar el marxismo con el misticismo oriental, de hecho, se había adherido al Partido Comunista en 1927, en las conversaciones que tuvo con Gandhi quiso disuadirle, que no veía oportuno que se entrevistase con Benito Mussolini, dado el peligro de ser utilizado como publicidad por el régimen fascista italiano. No obstante, le dijo si ha de celebrarse la entrevista “exige que los reporteros extranjeros estén presentes para confirmar lo que tú dices…”. “Está en contra de mi naturaleza hacer arreglos por adelantado”, le contestó Gandhi. “Te aislarás y te encerrarán. Todos a tu alrededor serán fascistas, incluso los periodistas extranjeros”. Gandhi: “Lo sé… Lo haré con la condición de que pueda hablar libremente, y no se tratará de cosas indiferentes; diré lo que pienso. Así es como me siento. No puedo actuar de otra manera”. “No creo que nadie te impida hablar; el problema es que será suprimido o deformado en los periódicos”, le replicó Rolland. “Supongamos que no se reproduce, o que está deformado. Incluso en inglés, esto sucedió … Lo que dije en París también estaba deformado …Pero Young India [semanario dirigido por él] llevará el texto completo de todo lo que dije”. A lo que añadió Rolland: “Hay otro peligro. Hablarás en inglés y traducirán en italiano. ¿Quién lo comprobará? El sentido puede cambiar. Tenderás que pedir un mecanografiado… Mira y Desai siempre deberían estar ahí cuando estés hablando”. Aseveró Gandhi: “Nunca habrá reuniones secretas…” Él confiaba en la acción de la entrevista: “El efecto inmediato puede ser que la prensa deforme lo que digo, pero el efecto distante de algo bueno debe ser bueno. Creo que debo correr el riesgo…,… no podemos prever nada. Tenemos tomada la decisión”. Después de que Rolland insistiera en que Gandhi debería establecer condiciones para evitar ser estafado, Gandhi dijo: “Este tema se ha terminado”.
La tarde del 12 de diciembre Gandhi fue llevado al palacio de Venecia, a la presencia de Mussolini por el general Morris, acompañado de Mirabehn y Mahadev Desai. El Duce se dirigió a Gandhi en inglés, haciéndole varias preguntas sobre la India. Gandhi, a su vez, le habló de la belleza de Italia, valoró positivamente lo que había conocido de las actividades del régimen, los gimnasios de entrenamiento para los jóvenes militantes en la Vía Sannio, los Foros Romanos, el barrio de Garbatella, donde se había reubicado a los desplazados por la “urbanización” del centro histórico…, los esfuerzos para reducir el desempleo y mejorar las infraestructuras del país. No habían pasado veinte minutos, Mussolini se levantó de su asiento y les acompañó hasta la puerta, un comportamiento muy poco frecuente en él, que “por regla general no se levantaba de su silla” según el relato que hizo el historiador norteamericano Stanley Wolpert sobre la entrevista. Gandhi no hizo ninguna reseña de lo hablado en sus diarios, algo de lo expuesto se sabe a través de lo comentado por Mira y Desai. No hubo filmaciones ni fotos de la entrevista, como sí las hubo y se han conservado de las visitas programadas por el gobierno italiano y del embarque de Gandhi con su sequito en S.S. Pilsna en Brindisi el 14 de diciembre de 1931.
Lo que se ha escrito de sus alabanzas al régimen y a la figura de Mussolini, vertidas en una entrevista en el periódico Giornale d’Italia, Gandhi nunca reconoció haber sido entrevistado por un periodista italiano en aquellos días. Gandhi recordará, no obstante, con satisfacción haberse podido verse con la hija de León Tolstói, Tatiana Tolstaya, que residía en Roma, porque el escritor ruso y Gandhi habían compartido cartas donde se expresaban su mutua admiración. Solo una vez, más tarde, en diciembre de 1936 se referirá al régimen italiano, donde hablando del tipo de gobierno que esperaba para la India, él imaginaba que sería el de Ram Rajya, basado en elevados principios morales, como el gobierno fascista convenía al genio natural del pueblo italiano, así como el gobierno nazi convenía al pueblo alemán y el gobierno parlamentario convenía al Reino Unido. En fin, uno duda si fueron acertadas estas comparaciones, las referidas en concreto a los regímenes fascista y nazi, en coherencia con la propia filosofía gandhiana, donde la unidad de medios y fines garantizan la defensa de todas las formas de vida en contra de los modelos de dominio de las personas y la construcción de una comunidad pacifica desde el inicio. Pero así ha sido el legado de Gandhi, contradictorio algunas veces y egregio, las más de ellas, en alternativas no violentas a seguir.
